“Mangiare, è
incorporare un territorio.”(Jean Brunhes).
Partiendo de la premisa de que se es lo que se come, yo tengo que admitir que soy una infinidad de cosas, primero que nada y cómo buen mexicano, soy maíz, chile y frijol, pero sobre todo me gusta sentir que soy amor. De las formas más puras y naturales para demostrar ese bello sentimiento esta la comida; ese ingrediente secreto que las personas le ponen a los alimentos mientras cocinan, es en lo que me gusta pensar que me convierto. Porque para ponerle sazón a la vida, hay que comer con el alma.
Mi buen diente tiene mucho que ver con varios factores, primero con el hecho de haber nacido en México, un país donde comer lleva consigo un sentimiento especial, muchos ya lo damos por algo normal, pero cuando uno viaja se da cuenta que no en todos lados es igual. Pero no solamente soy glotón por ser mexicano, pues es algo que también lo llevo en la sangre, tanto en la familia de mi mamá como en la de mi papá, comer es algo casi sagrado por ello el lema familiar, “primero comer que ser cristiano”.
El paso de los años me ha enseñado a valorar a la gente que me da de comer, me considero una persona muy afortunada porque la gente que ha estado a mi alrededor siempre se ha preocupado de que coma rico y que pruebe platillos nuevos. De mis viajes siempre he aprovechado para probar cosas nuevas y por ende para convertirme en platillos nuevos, entonces puedo decir que no solamente soy tortas, tacos, enchiladas, chilaquiles, guacamole, sopes, mole, quesadillas, garnachas, chascas, entre muchas otras cosas que se comen en México, también puedo decir que soy hamburguesa, que soy papa frita, soy fishand chips, soy cabbage and bacon, seafoodcreamy pie, soy pollo con curry, soy pollo con garvey, soy comida china, soy langosta, soy tortilla guatemalteca, soy pepián, soy muchos tipos de empanada, soy pupusas, soy baleadas, soy gallo pinto, soy nacatamal, cochito frito, tamal panameño, arepa, bandeja paisa, cachapas, pabellón criollo, hornado ecuatoriano, ceviche peruano, hojas de coca, pique macho, silpancho, sopa de maní, chipa paraguaya, feijoada brasileña, soy pizza, choripán, albóndiga de huevo, milanesa napolitana, soy tortilla española, pasta rellena, cordero patagónico, soy un tremendo asado argentino, soy la once en Chile, sopaipillas con todo y chancho en piedra, , soy mariscos, ostras y mejillones; hasta hace poco me convertí en aceituna negra y justamente anoche acabo de ser un sándwich de queso, preparado con mucho amor y con doble queso.
Creo que, si mi cuerpo reflejara todo lo que soy, estaría por explotar, por eso prefiero que mi corazón (aunque cubierto de una capa de grasa) sea el que refleje todo ese amor que se da y se recibe a través de la comida.
Cuando tengo hambre suelo ponerme de mal humor, no pienso bien, no duermo bien, no trabajo bien; Barriga llena, corazón contento; es por ello que siempre me preocupo por comer bien. Quiero que sepan que no hay mayor injusticia que la de saber que hay gente que no tiene para comer y no hacer nada al respecto; la comida, así como el amor son para compartirlos.
Buen diente para todos, y recuerden “Cucina non è mangiare. È molto, molto di più. Cucina è poesía” – Heinz Beck
Escrito por David Herrera El González.
Febrero 2019.

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